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Por qué España puede ser un líder mundial en hidrógeno verde

15 de octubre 2021

4 min de lectura

Tenemos sol, y tecnología, y empresas líderes, y un mercado potencial, y el paraguas europeo. Más factores a favor que en contra para hacer de este vector energético una industria potente. H2 verde "made in Spain".

Por qué España puede ser un líder mundial en hidrógeno verde

Tenemos sol, y tecnología, y empresas líderes, y un mercado potencial, y el paraguas europeo. Más factores a favor que en contra para hacer de este vector energético una industria potente. H2 verde "made in Spain".

Por qué España puede ser un líder mundial en hidrógeno verde

"España, potencia exportadora".

Leer más pronto que tarde este titular es la meta. La frase cristaliza el objetivo de todo un país.

De acuerdo, la economía compleja pone muy difícil, por no decir imposible, que todos los elementos jueguen a favor de un nuevo negocio. Pero tampoco es frecuente que se alíen tantos pros como en esta oportunidad del hidrógeno verde

Organizaciones sectoriales como la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2) están convencidas de sus posibilidades realistas para la economía nacional, especialmente necesitada de ellas. Tanto desde un punto de vista estructural (el proceso de desindustrialización sostenido las últimas décadas) como coyuntural (un impacto de la pandemia superior al de otros países del entorno).

Veamos los factores que soplan de cola.

La lucha contra el cambio climático

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Un planeta llamado Tierra busca alternativas urgentes para sustituir los combustibles fósiles y descarbonizar la vida.

El hidrógeno verde (producido mediante electrólisis con electricidad de origen renovable) puede ser una de ellas para diferentes usos: descarbonización de la industria de los fertilizantes, combustible en industrias difíciles de electrificar (por ejemplo, las metalurgias o la cerámica que trabajan a altísimas temperaturas, el sector híbrido, mediante soluciones de electrificación de calor y eficiencia energética o el sector industrial), transporte pesado o como sistema para almacenar energía a medio y largo plazo.

Pero no todas las regiones encaran igual esa transición. Europa es con diferencia la más ambiciosa, de ahí su objetivo de descarbonizar toda la economía a mediados de siglo. Ese 100% tiene un efecto arrastre casi mágico, según Javier Brey, presidente de la AeH2. "Si aspiramos a descarbonizar el 50%, una empresa puede refugiarse en el otro 50%, argumentar que su situación o su sector no lo permiten ahora, pero con el objetivo del 100% ya no hay excusas, nos tenemos que mover todos de verdad".

La Unión tiene un plan, instalar en territorio comunitario y en solo una década 40 gigavatios de electrolizadores (los dispositivos que aplican una corriente eléctrica para producir hidrógeno a partir de agua), más otros 40 cerca de las fronteras que ayuden a garantizar el suministro ante una demanda disparada. Bruselas quiere producir un millón de toneladas a la vuelta de la esquina, en 2024, para llegar a los 10 millones a finales de esta década.

Muchos expertos en sostenibilidad explican esa apuesta frontal por la descarbonización como una oportunidad de reindustrialización que Europa se da a sí misma, después de haber perdido posiciones en otras carreras clave como la digitalización, liderada por EE UU, o la producción de chips y baterías, con Asia a la cabeza. Desarrollar, producir y exportar tecnología sostenible sería el gran reto.

España hidrógeno verde

España recoge el guante

Esa misma visión puede aplicarse a España respecto al hidrógeno verde.

En varios aspectos clave ha hecho los deberes; por ejemplo, en investigación y desarrollo. Según Brey, el país aporta un 1,4% al PIB global, sin embargo "aquí tenemos el 3,6% de la producción científica mundial relacionada con el hidrógeno y las pilas de combustible [el sistema de alimentación y almacenamiento que usan baterías y vehículos propulsados por hidrógeno]". "Podemos decir que parte de la tecnología está madura para dar el salto".

Si el Hidrógeno necesita energías renovables para ganarse el apellido de Verde, somos uno de los países que más ha apostado por ellas. Casi el 50% de la electricidad que sale se consume ya tiene ese origen y el objetivo gubernamental es alcanzar el 74% en 2030. Hace dos años, "la inversión de las empresas en I+D+i relacionado con las renovables alcanzó el 2,99% de la contribución directa al PIB nacional", cuando la media española se limitó al 1,24% y la europea al 2,11%, según el Estudio del Impacto Macroeconómico de las Energías Renovables en España.

Por viento y sol que no quede. España es uno de los países europeos con mayor radiación solar y por tanto recurso para el despliegue fotovoltaico, el de mayor potencial. Esta riqueza unida al know how tecnológico, al liderazgo de sus empresas energéticas y a la inversión público-privada puede convertirnos en productores y exportadores sobre todo hacia el norte de Europa, donde falta luz natural pero sobra demanda energética.

España productora y exportadora de energía verde

El objetivo ya tiene normativa propia, la Ruta del Hidrógeno, que recibiría fondos europeos de recuperación además de la inyección doméstica. Según cálculos del Gobierno, más o menos 1/3 del combustible usado en transporte terrestre y la mitad en transporte marítimo sería hidrógeno verde en 2050, con un ahorro de nueve kilos de emisiones de CO2 por cada kilo consumido del nuevo combustible.

Precisamente el presidente, Pedro Sánchez, destacaba la oportunidad en la presentación de un nuevo proyecto: la fábrica de electrolizadores que Iberdrola y Cummins levantan en Guadalajara. "España está en condiciones de ser el polo industrial del hidrógeno verde
 Si logramos potenciar la producción a un precio más bajo, podemos ser un país exportador", apuntaba el mandatario.

Carrera contra el precio

Ahí está la clave para que se confirme la promesa, que la tecnología optimice la eficiencia de los electrolizadores para reducir los costes de producción. Según el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), hoy el precio del hidrógeno verde ronda los 6 o 7 euros, mientras el de la variedad fósil, producida a partir de gas, varía entre 1,5 y 2,5.

Lograrlo dependerá, en parte, del nivel de reinversión y de constancia, como ha sucedido con otras tecnologías. Por ejemplo, los paneles solares que, según la Unión Española Fotovoltaica, han reducido sus costes a la mitad en los últimos cinco años.

Hidrógeno verde

Inversión y constancia. Aún es pronto para entrever si se cumplirán ambas. Lo que sí se puede acreditar es una base cada vez más sólida. En la segunda convocatoria gubernamental para censar proyectos del sector, a finales del año pasado, se presentaron 502 con una inversión estimada en más de 10.000 millones de euros. ¿Muchos o quizá no tantos? Depende de con qué se compare, como todo. El Consejo del Hidrógeno señala que, por el momento, otros países nos llevan la delantera, como Australia, Alemania, Países Bajos, Arabia Saudí o China.

No todos en ese medio millar de proyectos españoles saldrán adelante, otros se solaparán, pero sirven para calibrar el compromiso. Con un valor añadido: todas las provincias españolas cuentan con alguno en diferentes ámbitos (producción, transporte, distribución, consumo...), lo que sugiere expansión capilar o una redistribución territorial de la que carecen otros sectores industriales con tendencia a concentrarse en polos.

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